A lo largo de mi vida, los cafés han sido testigos de las más importantes conversaciones, de las más secretas confidencias, de los mejores y los peores momentos. Leo en Rayuela un fragmento que no puedo más que alabar:
We make our meek adjustments,
Contented with such random consolations
As the wind deposits
In slithered and too ample pockets.
Pero [los cafés] son más que eso, son el territorio neutral para los apátridas del alma, el centro inmóvil de la rueda desde donde uno puede alcanzarse a sí mismo en plena carrera, verse entrar y salir como un maníaco, envuelto en mujeres o pagarés o tesis epistemológicas, y mientras revuelve el café en la tacita que va de boca en boca por el filo de los días, puede desapegadamente intentar la revisión y el balance, igualmente alejado del yo que entró hace una hora en el café y del yo que saldrá dentro de otra hora.
Autotestigo y autojuez, autobiógrafo irónico entre dos cigarrillos.
Mostrando entradas con la etiqueta libros madrid. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libros madrid. Mostrar todas las entradas
jueves, 19 de junio de 2008
miércoles, 23 de abril de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

